Escrito por
Roda Azziani
Publicado
September 8, 2026

El 12 de enero de 2026, la Bolsa de Valores de Asunción (BVA) empezó a operar sobre una plataforma de negociación de Nasdaq y, el mismo día, se completó la separación definitiva entre negociación, compensación y liquidación: la BVA se quedó exclusivamente con el rol de plataforma de trading, mientras que la Caja de Valores del Paraguay (Cavapy), creada en 2021, pasó a manejar la custodia, la compensación, la liquidación y el registro de las operaciones. Es probablemente el cambio de infraestructura más importante que atravesó el mercado de capitales paraguayo en su historia reciente.
¿Tiene sentido hablar de infraestructura de IA para un mercado de capitales que, comparado con el de Argentina, es sensiblemente más chico? La respuesta honesta es que sí es un mercado angosto: cotizan pocas empresas, y el instrumento dominante es la deuda y no la acción, en parte por una resistencia cultural del empresariado local a sumar nuevos accionistas. Pero esa comparación de tamaño no es la que importa acá. Lo que importa es que ese mercado, chico o no, está en medio de una modernización de infraestructura real y verificable, y ese es exactamente el momento en el que conviene pensar la arquitectura de datos antes de que la urgencia operativa la termine definiendo por default.
Desde 2023, el regulador del mercado de valores paraguayo ya no es la histórica Comisión Nacional de Valores (CNV): la Ley N° 7162 creó la Superintendencia de Valores (SV) en su reemplazo y le dio más atribuciones. La SV funciona dentro de la órbita del Banco Central del Paraguay pero con autonomía funcional, y supervisa a más de 200 entidades (casas de bolsa, sociedades administradoras de fondos) con activos por unos US$5.400 millones.
El volumen negociado viene creciendo fuerte: entre 2022 y 2024 el total operado creció a una tasa compuesta anual superior al 57%. Pero ese crecimiento no cambia la estructura de fondo: el mercado accionario sigue siendo marginal frente al de deuda, y solo un puñado de empresas (bancos y alguna compañía de telecomunicaciones, entre otras) cotiza en la BVA. No es un dato para forzar una comparación directa con Buenos Aires: el mercado de capitales argentino también es chico para el tamaño de su economía, en el orden del 9% del PBI contra un promedio regional cercano al 50%. Ninguno de los dos es hoy un mercado maduro en el sentido en que lo son Brasil, Chile o México. Son mercados en etapas distintas de un mismo problema, y el paraguayo lo está encarando ahora con infraestructura nueva de punta a punta.
Meses antes de esa separación, en junio de 2025, ya se había promulgado la Ley N° 7503, que crea el Sistema Nacional de Pagos y reemplaza la norma de 2012 que regía hasta entonces: amplía la supervisión del Banco Central a actores que antes quedaban afuera (entre ellos billeteras y proveedores de pagos) y exige interoperabilidad como condición de diseño, no como mejora futura. En paralelo, el sistema de pagos instantáneos del BCP, rebautizado SIP este año, ya concentra más de 3,8 millones de cuentas y alrededor del 97% de las operaciones del sistema de pagos del país. Sobre esa misma base entró en producción, en mayo de 2026, el QR Hub: una plataforma centralizada que permite pagar con un código QR desde cualquier banco o billetera electrónica, sin importar el proveedor que lo emitió.
Los dos frentes comparten la misma lógica: separar funciones que antes vivían juntas (negociación y custodia en un caso, banco y proveedor de pagos en el otro) y exigir que los sistemas resultantes se hablen entre sí en tiempo real. Eso es, antes que nada, un problema de arquitectura de datos.
Todavía no vimos, en Paraguay, el tipo de conversación sobre detección de fraude en tiempo real o scoring automatizado que ya es habitual en mercados más grandes de la región. Y está bien que no la haya todavía: ese tipo de caso de uso solo funciona si antes existe una capa de datos que integre, con latencia baja, lo que hoy quedó dividido entre sistemas separados por diseño: la negociación en la BVA, la custodia y liquidación en Cavapy, los pagos interoperables entre bancos y billeteras bajo el nuevo esquema de la Ley 7503.
La ventaja de Paraguay en este momento específico es que esa integración se puede diseñar desde cero, sobre plataformas que recién se instalaron, en lugar de tener que reconstruirla más adelante sobre un stack de veinte años, como suele pasar en mercados con una modernización más antigua. Esa ventana no dura para siempre: una vez que cada institución arma su propia integración ad hoc contra la BVA, contra Cavapy o contra el nuevo sistema de pagos, corregir esas decisiones cuesta mucho más que tomarlas bien la primera vez.
Nada de esto reemplaza el trabajo regulatorio que ya cubrimos sobre el marco de cómputo en la nube que habilitó el BCP para el sistema financiero paraguayo. Si tu institución está evaluando cómo migrar a la nube bajo ese reglamento, ya escribimos sobre los cinco objetivos que exige y por qué moverse temprano da ventaja en Paraguay habilitó la nube para su sistema financiero.
Si tu organización está pensando en cómo integrar los nuevos sistemas de negociación, custodia o pagos que trajo esta ola de modernización, en Renaiss ofrecemos consultoría cloud para entidades financieras de la región.