3,7 millones de nuevos clientes bancarizados en un año: el core bancario paraguayo no puede quedarse atrás

Escrito por

Roda Azziani

Publicado

August 28, 2026

Ilustración de una ciudad flotando sobre un corte transversal que revela la infraestructura oculta debajo, como metáfora del core bancario paraguayo

El sistema financiero paraguayo viene de un año de crecimiento acelerado. Según datos que difundió el Banco Central del Paraguay (BCP), la cantidad de clientes bancarizados llegó a 3,7 millones a fines de 2024, un salto del 21% en un solo año, y el acceso a servicios financieros de la población de 15 años o más pasó del 59% al 80% en dos años. Es un mercado más chico que el argentino o el brasileño, con del orden de una quincena de bancos comerciales supervisados por la Superintendencia de Bancos del BCP bajo la Ley N° 861/96 de Bancos, Financieras y otras Entidades de Crédito, pero que está creciendo rápido y, al mismo tiempo, cambiando las reglas de la infraestructura que lo sostiene.

Ese cambio de reglas empezó antes de esta ola de crecimiento. En julio de 2022 el BCP aprobó el Reglamento de Uso de Servicios para Computación en la Nube (RCN), la primera habilitación explícita para que las entidades sujetas a la Ley 861/96 usen cómputo en la nube. Desde entonces el regulador no se detuvo: en 2025 promulgó la Ley N° 7503, que crea el Sistema Nacional de Pagos (SNP) y amplía la potestad del BCP para supervisar tanto a bancos como a proveedores de pago no bancarios (incluidas las fintech), con interoperabilidad, ciberseguridad, protección al consumidor y estándares técnicos comunes como principios rectores.

Pagos interoperables, el nuevo estándar de facto

El SNP ya tiene piezas concretas en producción, o con fecha de entrada en vigencia definida; no se quedó en el papel. El Sistema de Pagos Instantáneos (SPI), que el BCP lanzó en 2022 para transferencias en tiempo real entre clientes de bancos y entidades no bancarias, mueve del orden de 28 millones de transacciones mensuales. Desde julio de 2025 el formato PY-QR es obligatorio para todos los proveedores de servicios de pago autorizados por el BCP, y el regulador ya anunció un QR Hub para estandarizar e interconectar los pagos por código QR a nivel nacional. En diciembre de 2025, una nueva resolución (N° 24, Acta N° 57) sumó un reglamento de interoperabilidad e interconexión para el sistema de tarjetas de crédito y débito.

Para un equipo de IT bancario, cada una de esas piezas es un requerimiento de arquitectura, no un comunicado de prensa. Que el SNP habilite la iniciación de pagos por terceros (fintechs que inician transferencias en nombre de un cliente) significa que el core tiene que exponer esa capacidad a través de una API con contratos y niveles de servicio definidos, no a través de integraciones puntuales negociadas banco por banco. Que el QR y las tarjetas converjan hacia estándares interoperables comunes significa que el módulo de pagos no puede seguir tratando cada riel de pago como un silo separado.

El core no puede ser el cuello de botella

Ya hay movimiento concreto del lado de la industria: Itaú Paraguay lanzó en octubre de 2025 un canal de banca abierta para clientes corporativos, con APIs bajo el estándar ISO 20022 que conectan el sistema de gestión del cliente directamente con el core del banco para pagos, cobros y conciliación, sin pasar por la banca web tradicional. Es un ejemplo público de hacia dónde se mueve la infraestructura de pagos en el mercado paraguayo, más allá de que cada entidad decida su propio ritmo de adopción.

El riesgo, para cualquier entidad que todavía no encaró ese trabajo, es que el core bancario, con su lógica de negocio acumulada durante años y sus integraciones puntuales, se convierta en el cuello de botella que impide cumplir con la interoperabilidad que ya exige la norma. Exponer una API nueva sobre un sistema legado no es trivial si ese sistema nunca fue diseñado para exponer nada: cada nuevo requerimiento regulatorio (un riel de pagos, un formato de QR, un reglamento de tarjetas) termina resuelto con una integración ad hoc que suma deuda técnica en lugar de reducirla.

La alternativa no es reemplazar el core de un día para el otro. Es diseñar la capa de exposición (gestión de APIs, un bus de eventos, un gateway de pagos) pensando en que la próxima pieza regulatoria (y va a haber una próxima) se pueda conectar sin rediseñar de nuevo. Si ese proyecto involucra cómputo en la nube, esa capa además tiene que respetar los cinco objetivos del RCN: protección de datos, mitigación de riesgo operacional, responsabilidades contractuales claras con el proveedor, continuidad de negocio extendida y acceso a la información para la supervisión del BCP.

Moverse ahora, no cuando la próxima norma obligue

El patrón se repite en toda la región: el regulador define el estándar de interoperabilidad y las entidades que ya tienen una arquitectura preparada para exponer capacidades absorben el cambio en semanas; las que no, en meses de reescritura bajo presión de una fecha límite. En Paraguay ese patrón recién está empezando: el SNP es de 2025 y varias de sus piezas todavía se están desplegando, lo que significa que todavía hay ventana para diseñar la infraestructura antes de que la siguiente resolución la vuelva urgente.

Si tu entidad está evaluando cómo preparar el core para esta ola de interoperabilidad (o cómo estructurar una migración a cómputo en la nube bajo el RCN), ya escribimos sobre el reglamento cloud del BCP en Paraguay habilitó la nube para su sistema financiero. En Renaiss ofrecemos consultoría cloud para entidades financieras de la región que necesitan modernizar su infraestructura sin detener la operación.

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